Nuevo gobierno…¿con comillas o como paréntesis?

El panorama se presenta inquietante. Pocos se esperaban la jugada de Pedro Sánchez. Llámenlo estrategia, improvisación, o pura suerte. Sin embargo, el PSOE ha logrado gobernar de nuevo con un frágil apoyo procedente de una izquierda en minoría parlamentaria y de los nacionalistas, que dadas las circunstancias actuales, son clave para el futuro de la integridad territorial de España. De una moción de censura sacada de la manga, cabe entonces preguntarse qué lecciones podemos sacar de los últimos acontecimientos políticos.

El Partido Popular sin duda ha jugado el papel de antagonista incomprendido. Como decía un Francisco Franco interpretado por Juan Echanove en Madregilda, ‘’lo nuestro no es la política, lo nuestro es mandar’’. El carácter prácticamente unidireccional de los dos mandatos del Partido Popular de Rajoy parecía cubrir todas las expectativas que necesitaba España dentro de las exigencias de la Unión Europea: un gobierno prácticamente tecnocrático, con una nula empatía hacia las sensibilidades populares, y una escasa capacidad de negociación política a todos los niveles, lo que ha supuesto a su vez ocuparse de los imprevistos con una estricta y simple metodología de ‘’vigilar y castigar’’, como diría Foucault. Por supuesto este comportamiento le ha granjeado múltiples enemigos.

En primer lugar, el nacionalismo, víctima principal de sus esquemas de actuación desde que M. Rajoy llegara al gobierno de España, lo cual en varias ocasiones ha explicado, sobre todo en los últimos años, la incapacidad de conformar unos Presupuestos Generales sin alguna insatisfacción general. En segundo lugar, un Ciudadanos camaleónico, capaz de amoldarse a las demandas de la población y víctima del márketing electoral, algo diametralmente opuesto al carácter del PP de Rajoy: hermético, inflexible e incapaz de escuchar a nadie, salvo a sus propios intereses, ya lastrados desde hace casi tres décadas. No desviarse del camino es precisamente lo que ha hecho que Ciudadanos le adelante por la derecha, quien es capaz un día de competir con la extrema derecha en cuanto a niveles de patriotismo y al día siguiente colocarse la chaqueta de pana y hablar del potencial de la clase trabajadora sin despeinarse. Sin embargo, si bien es posible que por ello sea esta moción de censura el canto del cisne de un Partido Popular corroído hasta el tuétano por la corrupción, es posible que viva una larga agonía hasta su recuperación, o hasta su muerte, como un fantasma electoral con un importante legado político a sus espaldas, como el CDS de Suárez, sustentado únicamente por una tercera edad acrítica con sus continuas fechorías políticas.

Precisamente por ello Ciudadanos deba cambiar su estrategia. Tras haber aprendido del maestro, le toca al alumno seguir su propio camino. Desarrollar su propia identidad, en lugar de vivir a costa de los errores y carencias de su alter ego, el PP. A la luz de la fama del PP, no parece que sea difícil. Lo interesante será observar cómo interactúan ambos partidos, pues deberán, por una parte, hacer piña para defender sus intereses políticos –su corrosiva idea de España, por una parte, y los del IBEX 35, por otra-, y a su vez sobrellevar una guerra cainita con tal de alcanzar, por ambas partes, el puesto principal de la derecha española. De hecho, faltará espacio en sus bocas para hablar de España, o si no entrará en juego un Vox que gana por goleada a sus competidores en cuanto al merchandising autopromocionado de pulseras y logotipos con la bandera rojigualda.

El mundo de lo progre no lo tendrá mejor. Quizás el sueño húmedo de Podemos hubiera sido formar parte del Gobierno de Sánchez –o tal vez no, hablo desde mi humilde desconocimiento-, pero sin duda le irá mejor a los de Unidos Podemos haber dado el ‘’sí crítico’’ situándose al margen del barrizal en el que se acaba de introducir ‘’desinteresadamente’’ Pedro Sánchez. No nos engañemos, esto es parte de todo un matrimonio de conveniencia: el PSOE no es el PP, al menos en transigencia política. Nacionalistas e izquierdistas albergan la esperanza de poder sentarse a una mesa a negociar sobre asuntos pendientes que el gobierno anterior, por su monolitismo y tozudez, ha sido incapaz de resolver. Queda claro que el nacionalismo, por definición, busca los intereses de su propia patria. A la vista queda la forma de proceder del PNV estas últimas dos semanas: una vez beneficiada Euskadi, sea quien sea el benefactor, que arda el Congreso si hace falta. Sin embargo, a Unidos Podemos le conviene seguir la estela de Ciudadanos con el PP: aprovechar las flaquezas y debilidades del gobierno de Sánchez para sacar su propio rédito político. Sin embargo, su panorama es diferente. Su masa de votantes es crítica, y por lo tanto, frágil. Todo dependerá al final del éxito del PSOE para saber cuál será el futuro de Unidos Podemos ante las encuestas. Deberá enfrentarse a la tesitura de si perseguir el idealismo de izquierdas al margen de los intereses de partido que tanto buscará el PSOE –que paradójicamente beneficiará al PSOE en última instancia-, o localizar los tropiezos que cometerá el PSOE con tal de ganar votos desde la diferencia. Lo que está claro es que el PSOE tendrá escasa capacidad de maniobra para realizar en el Congreso cualquier propuesta política de izquierdas, lo que le obligará a convertirse en un gestor del legado político del PP si no quiere convertirse en un mero paréntesis histórico. Quizás deba enfocarse este nuevo período como un simple remiendo provisional de urgencia a la actual situación crítica de la política española, ante la cuestión territorial, la corrupción y, a ser posible, la reconstrucción de garantías de la separación de poderes –aunque esto último será más un desiderátum dialéctico que otra cosa-. Veamos en qué acaba esto: quizás sea simplemente una fase de transición. O quizás sea un paréntesis.

España cojones, España

Cosa curiosa del patriotismo español: con dos cojones. Últimamente me da la impresión de que todo lo que sea gritar ”Viva España”, ondear la bandera rojigualda, salir a la calle a manifestarse, etcétera, se hace con dos cojones. Hay por ahí una minoría que lo hace con dos huevos, pero no está muy consolidada. A mí a estas alturas me surgen muchas preguntas: ¿Por qué esa continua asociación con las gónadas masculinas? ¿Queda excluido del patriotismo español quien no tenga miembro masculino? ¿Se puede gritar ”Viva España con dos ovarios”? ¿Y con un cojón? ¿Se puede ensalzar el patriotismo sin hacer gala ni alusión de los genitales? Quizás la pregunta definitiva sea ¿Qué se pretende decir con eso?
Me asaltan dos posibles respuestas: O bien quien ensalza el patriotismo o nacionalismo españolista es una persona ”valiente” que hace gala de su españolismo libre de complejos (lo cual viene a decir entonces que existe un españolismo acomplejado que se avergüenza de su españolidad) o que el españolismo es algo que ”por cojones” se debe exhibir. Un corresponsal español en Italia (no recuerdo el nombre) decía que los españoles nos caracterizamos por hacer las cosas por cojones, es decir, sí o sí debe ser al 100% lo que exijamos. En otras palabras, preferimos no obtener algo a conseguirlo a medias. Y claro, cuando toca negociar, somos tan duros de roer que acabamos perdiendo. Y todo por no saber negociar por los cojones. Es lo que tienen los cojones: que si alguien dice que se quiere independizar, en lugar de averiguar, comprender y resolver por qué cada vez hay más gente en Cataluña que apoya el catalanismo y así negociar la posibilidad de convivir juntos, se prefiere sacar la bandera, gritar ”Viva España con dos cojones” y ya de paso, exhortarle ”te guste o no te guste eres español”, que es un método de conversión de los catalanes en españolistas que ha funcionado en ningún sitio. Como decía Unamuno, ”venceréis, pero no convenceréis”. Sinceramente no sé quien vencerá en esta ocasión, aunque me aterran las consecuencias. Pero de lo que estoy seguro es de que el españolismo y sus cojones no convencerán, no mientras vayan con los cojones por delante. A lo mejor por eso hay un españolismo acomplejado, eso sí, con dos cojones.

¿Repetir 2002?

Las cartas ya están descubiertas sobre la mesa. Ya conocemos quiénes van a ser los candidatos a las elecciones presidenciales francesas y el panorama no puede ser más intrigante. El PSF de un Hollande que se bate en retirada ante la crisis gobierno experimentada tanto en el ámbito exterior como interior, se encuentra en una fase de mutación ideológica de urgencia. Lo que parecía que en el futuro el PSF estaba destinado a desterrar las antiguas raíces de una socialdemocracia en putrefacción para presentar un partido que abanderase el liberalismo progresista europeo encabezado por un Manuel Valls triunfal, parece que se ha derrumbado. Hablar de liberalismo es hablar de más de lo mismo, de más de lo que los franceses han tenido que resistir en los últimos años. En un contexto de crisis política generalizada en todo el mundo occidental, el PSF se ha visto obligado a desempolvar viejos discursos que solo edulcoran prácticas políticas que en absoluto se diferencian de su clásico contrincante directo, el LR de Fillon, cuyo programa ha sido criticado como excesivamente liberal incluso para sus propios partidarios, en el que entre sus puntos figuran más recortes sociales, como el aumento de la edad de jubilación. Es precisamente por ello por lo que la población francesa se ve seducida por la retórica de Marine Le Pen, cuyo discurso ofrece soluciones alternativas ante el aluvión de propuestas de los dos principales partidos, proclives a proseguir con políticas de ajuste presupuestario. Quizás una alternativa de izquierdas pudiera desafiar a estos tres frentes políticos, que desde luego no son en absoluto apetecibles. No obstante, precisamente se ha acabado desarrollando un exceso de oferta de propuestas alternativas, que le hacen perder valor frente a un electorado con una cada vez peor imagen de sus políticas. Esta sobredimensión de candidaturas antiestablishment que pudieran desafiar a la que parece ser una todoterreno Le Pen hacen perder fuerza a cualquier alternativa que realmente pueda desafiarle. Es precisamente el amplio abanico que se ofrece con un Emmanuel Macron que se configura como el Albert Rivera francés; un persistente Mélenchon al frente de una coalición de izquierdas al que parece que el candidato del PSF, Benoit Hammon, le ha robado el discurso; y una candidatura de los Verdes que se augura testimonial. Muchas candidaturas que ofrecen alternativas al continuismo en un sistema político cuya segunda vuelta, reduce los votos a dos candidatos. Ante este escenario es completamente lógico que las encuestas prevean una segunda ronda copada por la derecha francesa, en el que la izquierda se vea obligada a repetir el escenario de las Presidenciales francesas de 2002, en el que se vieron obligados a votar por Jacques Chirac para prevenirse de Jean Marie Le Pen. Esperemos que los franceses hagan cuenta de la experiencia vivida por los estadounidenses.

Spots (Manchas)

Vuelven las elecciones. Vuelve la pantomima. Vuelven los carteles, las promesas y las advertencias. Y los spots. Está claro que hay que despertar el lado emotivo del cerebro de cada votante para que vote con el impulso que le debería nacer de dentro, y en eso Unidos Podemos han sido unos genios. Sin duda, de los cuatro principales partidos en liza es el que mas sentimientos y emociones despierta. Dan ganas de levantarse un domingo por la mañana e ir a votarles, con resaca y todo. En algún momento del anuncio da la sensación de que en todo caso hay que ir a votarles por joder. ¿A quién? ¿A qué? Ya a lo que cada uno le pese más, y eso también se intenta resaltar: la corrupción, el bipartidismo, que ganen “los de siempre”… no me queda muy claro qué pinta ahí el guiño de ese señor que afirma votar en blanco, y que sin embargo se alegra de la ¿victoria? de Unidos Podemos (en ningún momento dice el spot que gane el susodicho, ojo). En definitiva un trabajo y, probablemente, un presupuesto mayor que el invertido en otros spots que siguen la misma lógica de apelar a las emociones más que al uso del raciocinio, como es el caso de Ciudadanos, cuyo anuncio, más que sentimental, roza lo visceral y reincidiendo en el tópico, personajes estereotípicos de la sociedad para representarlos en el anuncio, que el votante potencial lo vea y se sienta identificado con cualquiera de ellos (la madre estresada, el que trabaja a destajo, el parado, el jubilado, etcétera), pero por supuesto también se crea una figura representada en alguien por el que el votante no querría identificarse, un Otro ludópata, con el puño en alto y vago. Quizás el spot estaba bien planteado, pero sin duda la discreción de los guionistas brilló por su ausencia, al contrario que el del PSOE: un anuncio tan anodino, sutil y desapercibido en el que entre tanta apelación al verano con playa, coche dominguero y fiestas de verbena no sé si se trata de un anuncio electoral o de una famosa marca de cerveza. Me duele decir esto pero el spot del PP es el único que ha dado algún atisbo de su programa electoral (que sí, que ya sé que luego no lo cumplirán, pero es lo mínimo exigible en elecciones). Muy corto para que el votante medio no se canse, sencillo de entender lo que quieren transmitir con una especie de Parábola de los Gatos (¿tener 122 gatos es una alusión a los escaños o algo?) y una versión resumida de programa que, sin duda, acabará en un pozo del olvido. Está claro que los spots de esta convocatoria a urnas no son una oportunidad para poder expresar en un pequeño margen de tiempo lo que pretenden hacer en una hipotética llegada al Gobierno, sino más bien una oportunidad más para derribar al rival político más directo (Ciudadanos y PP contra Unidos Podemos, Unidos Podemos contra PP y PSOE, PSOE contra PP), por lo que en estas elecciones no sólo estamos asistiendo a una convocatoria que debería de ser de un coste más reducido sino, más bien con una ausencia absoluta de promesas electorales. Programas electorales, ¿para qué?

Autobombo

A veces prefiero no pensar, y me da por encender la televisión. Haciendo el noble y anticuado deporte del zapping me encuentro que en uno de esos canales cuya nula calidad de visionado responde a la sospecha de cierta ilegalidad, o al menos de alegalidad de la que escapa aprovechando las grietas de la ley, aparece un señor rechoncho bien vestido y aspecto aparentemente afable intentándome vender algo cual vulgar producto de teletienda. Parecía que el producto en cuestión era un partido político, de cara a las municipales. Se ve que tenía muy bien aprendido lo que Pablo Iglesias había asumido: los medios de comunicación son poder. Este hombre sin embargo no escatimaba en disimularlo. No vendía su producto, atosigaba al espectador a que votara a su partido: casi 24 horas de programación para dedicarlas a la promoción política, a la propaganda, al autobombo. Me pregunto qué habrá sido de ese canal tras el previsible batacazo electoral al que tuvo que someterse el candidato. Sin embargo, cuando veía esas imágenes –confieso que estuve visualizando semejante caricatura unos veinte minutos- no pensaba en otra cosa sino de qué me sonaba la cara de ese, aparentemente, simpático presentador-candidato. Antes de ayer, cuando reflotaban noticias del pasado caí en la cuenta. Era aquél que presentaba un programa de televisión donde daba minutos de audiencia a un sacerdote nacionalcatólico para que vomitara bien toda su bilis integrista y homófoba. Tras esa cara bonachona, simpática, ávida de votantes de buena fe, era el presentador que se congratulaba de que Pedro Zerolo tuviera cáncer. Tras esa fachada se escondía el más oscuro fascismo recalcitrante. Algo parecido pasa en el lado contrario. Dentro de IU. Esos mismos que claman libertad frente el ego absorbente e implacable de Podemos, como si el contrato de exclusividad de la unidad de la izquierda le perteneciera, valga la redundancia, a Izquierda Unida. No obstante, quienes se oponen a pactar con Podemos son los mismos que defienden que han de ser los fieles escuderos del PSOE y que, por casualidad, son todos del grupo de amigos de PRISA, que no tardaron en oponerse a la expulsión de los imputados por el caso Bankia y quienes pusieron a García Montero de candidato forzoso, otro al que le gusta darse autobombo, con una misma apariencia afable, bienintencionada. Cuesta creer que un partido como Podemos, cuyo programa electoral es calcado al de Izquierda Unida sea una amenaza tanto para el PSOE como para la misma Izquierda Unida. Podría desmadejarse la cosa si pensara un viandante cualquiera que la encrucijada es entre el PCE y el resto de IU, pero no es tan fácil. Desde el mismo PCE hay quien llama al orgullo de las siglas, mismo motivo por el que el señor que tiene un doctorado en autobombo, Pablo Iglesias, le ha dado un portazo en las narices a un señor que no sabe lo que es el autobombo, Alberto Garzón, por enésima vez, como si de un Testigo de Jehová se tratara. Aunque dentro de la casa de Iglesias vayan con el remordimiento de saber si se estarán perdiendo algo por no conocer la palabra de la Dios y, ya de paso, la de la Unidad Popular. Y es que ya se sabe: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. De todos modos, ellos –los de PRISA y Gordo-Pérez- también creen en la Unidad Popular, pero ésta yace en otro sitio: en la Casa Común de la Izquierda, como decía Enrique Curiel. Uno de Izquierda Unida que se acabó pasando a las filas del PSOE.

El día del Consejo de los Sabios

Ayer, elecciones. Hoy, Consejo de los Sabios. Se reúnen de forma periódica con una barra por delante, y sobre ella, un carajillo de Marie Brizard. Son la suficiencia del saber personificados. Saben de cualquier cosa, como el Oráculo de Delfos, y te dirán la Verdad sin vacilación alguna y con absoluto convencimiento. Hay quien pudiera vislumbrar en sus ojos esa mirada dubitativa que busca la aprobación general -por aprobación general se entiende al órgano colegiado que compone ese Consejo-, y podría estar en lo cierto. Pero por lo pronto, ellos se dan en la autosuficiencia, en esa esfera de poder influyente que embriaga con cada una de las palabras que comunican -inteligibles o no-. La reiteración de mitos y frases vacías son reproducidas con el fin de sentirse a gusto en su opinión personal y que los demás no sientan el retortijón estomacal, y si alguien se ruboriza, el interlocutor recurre a la fuente: “Que lo han dicho hoy en la radio”. El objeto del debate es el político, pero tiende a entremezclarse entre el prejuicio y lo personal: uno no vota al PP porque su jefe lo era y le trataba de forma deleznable, por eso vota a Ciudadanos, que son lo mismo, pero el muchacho parece laborar de buena fe; el otro que el PSOE no sirve a nivel nacional porque el alcalde de su pueblo es socialista y tiende a frecuentar los locales de alterne. El nivel de argumentos se encuentra en su máximo exponente, y cuando no se puede ir a más, es hora de pedir un sol y sombra, que solo son las cuatro y media. De pronto, alguien hace una afirmación que por fin es meridianamente razonable, y se hace el silencio. El señor del cinturón con la bandera de España agacha la cabeza, puesto que el comentario del speaker del Consejo ha sido algo que responde a la crítica razonable, y eso lo suelen hacer los rojos bastante. El de la camisa de cuadros le busca comprensión mirándole fijamente a los ojos, sin dar respuesta ni réplica. Ello solo le da alas a que continúe el primero hablando. Tiene mucho que argumentar, mucho que decir: Podemos no sirve, e IU menos, que son de los del puño en alto. Porque esta mañana lo ha oído en la radio. “En la de los curas”, le espeta el tercero. Qué más dará en qué radio. Si lo han dicho será verdad, y el señor del cinturón patriota me daría la razón. Es lunes y son las cinco. Y ninguno de ellos está en el trabajo.

Lobos solidarios, lobos solitarios

‘Sé como el lobo. Fuerte en la individualidad, solidario con la manada’. Esa frase siempre la he tenido en mi cabeza y, hace poco, en esas fotos cutres que suben al muro de una conocida red social, la volví a recordar. Dicen que es de Nietzsche, pero a estas alturas como el ávido lector no se ponga a leer las obras completas del mismo hasta encontrar la dichosa frase, o alguna que se parezca, cualquiera se fía…podrían atribuírsela al mismo Churchill, que es el personaje comodín para citas célebres…célebres que nadie antes conocía. Precisamente una manada es eso. Un pequeño grupo de conocidos, de gente y seres queridos que ves día a día y que sientes algo por ellos. Compartes una relación especial, no necesariamente unos mismos intereses, pero si ves que sus intereses se ven afectados, no dudas en mostrar tu solidaridad. Yo pienso que en eso se basa la vida, en dar mucho sin pedir nada, de modo que al final recibirás mucho sin haber pedido nada. La cuestión es no esperar que te den cuando tu das, porque si no ahí es cuando uno se amarga. Por eso hay tanto enganchado a internet mendigando retwits, likes y suscribes. Anda ya. Lo que pasa es que esa gente busca su manada. La manada, la manada que antes como mucho era de unas cincuenta almas que vivían del arado en cuatro casas juntas, ahora se ha vuelto tan inmensa, gris e industrial que nos sentimos solos con tanta manada y tanto bicho anónimo al que tenemos que ayudar aunque no conozcamos y por quien no compartimos nada, en todo caso aversión, quizás. Tanta presión de la manada nos empuja a la individualidad. Y basta que uno sienta esa individualidad para que se contagie como una cesta de manzanas. ¿De qué sirve la manada pues, si nadie es solidario? ¿Qué manada, si vivimos en una granja? Nos creemos lobos, pero nos vemos obligados a vernos adiestrados como perros de manta y cesta. Un sálvese quien pueda en el que si nos dan pan y quien tenemos al lado no es porque no ha despertado. Más suerte la próxima vez. No se puede ser solidario porque nadie lo es, y si alguien lo es, su acto queda aislado por ese mar de egoísmo. Ahí ya solo queda ser fuertes. Fuertes en la individualidad. Vivimos en una sociedad de lobos solitarios…y si no, que se lo digan a Hobbes.